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Bushido, El código samurai agosto 1, 2007

Posted by El Conde in Textos.
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Introducción
El Bushido, que literalmente significa “El Camino del Guerrero”, se desarrolló en Japón entre las eras Heian y Tokugawa (S.IX-XII). El Bushido era el código, la ley, que regía las vidas de los samuráis, una clase de guerreros similares militarmente a los caballeros medievales europeos, pero radicalmente distintos a ellos en sus vidas cotidianas, fuera de la guerra. Los samuráis seguían un ceremonial específico cada día de su vida, así como en la guerra.
Los factores que hicieron el Bushido son pocos y sencillos. Así de simple, el Bushido creo un modo de vida para mantener unida a una nación a través de sus tiempos más problemáticos, a través de guerras civiles, desesperación e incertidumbre. Nacido a la vez de la filosofía, la religión y las artes marciales orientales, el Bushido encuentra sus principales fuentes en las tres escuelas de pensamiento oriental más influyentes del Japón feudal: el Budismo Zen, el Confucionismo y el Sintoísmo, tres corrientes filosófico-religiosas que, durante mucho tiempo (y aún hoy en día) dividirá a la población japonesa en confucionistas, budistas y sintoístas. Sin embargo, en torno al siglo X d. c, estos tres pensamientos tan dispares y a la vez tan parecidos entre sí harían algo sin precedentes en la historia de la filosofía mundial: concordarían para dar lugar a un código ético-moral-militar único, tanto en su concepción como en su mensaje, pues este código pone el énfasis en la lealtad, el auto-sacrificio, la justicia, el sentido de la vergüenza, la educación, la pureza de espíritu, la modestia, la humildad, el espíritu marcial, el honor y el amor.
Del Budismo, el Bushido toma la relación con el peligro y la muerte. El samurai no teme a la muerte ya que cree, tal como enseña el Budismo, que tras la muerte se reencarnarán y volverán a vivir otra vida en la tierra. Los samuráis son guerreros desde el instante en que se transforman en samuráis hasta el momento de su muerte, ellos no tienen miedo al peligro. Además a través del Zen, una escuela del budismo, uno puede alcanzar el definitivo “absoluto”. La meditación Zen enseña como concentrarse y alcanzar un nivel de pensamiento que no puede ser explicado con palabras. El Zen enseña como conocerse a si mismo y no limitarte. El samurai utiliza esto como una herramienta para desembarazarse del miedo, la inseguridad y finalmente los errores. Estas debilidades podrían matarle.
El Sintoísmo, otra doctrina japonesa, da al Bushido su lealtad y patriotismo. El Sintoísmo1 incluye la veneración a los ancestros, lo cual hace a la Familia imperial la fuente de la nación. Esto da al Emperador una reverencia casi divina. El es la representación del Cielo en la Tierra. Con semejante lealtad, el samurai se compromete con el Emperador y a su Daimyo2 o señor feudal, samurai de mayor rango. El Sintoísmo también proporciona la columna vertebral del patriotismo y el respeto hacia su propio país, Japón. Ellos creen que la Tierra no esta para satisfacer sus necesidades mundanas,
1 El Sintoísmo es, hoy día, la religión dominante de Japón. Es una de las facetas japonesas que más choca a los occidentales, sobre todo esa veneración y respeto a los muertos. Es más, en Japón no creen en fantasmas, están convencidos de su existencia como entes malignos de personas innobles atrapadas entre los dos mundos. Todas esas películas japonesas de fantasmas que ahora están tan en boga no son más que historias y leyendas reales (en el sentido de que se han contado) que han circulado durante años en Japón.
2 Título con que se designaba a los samuráis de mayor rango, generalmente nobles y señores feudales japoneses, que seguían a su vez el código Bushido. Su figura era la contraposición de los Shogun, los dictadores japoneses que gobernaron el país hasta mediados del siglo XIX, aunque se sabe que más de un Daimyo cedió al poder y abandonó el código Bushido para abrazar los excesos y riquezas del shogunado.
es la residencia sagrada de los dioses, los espíritus de sus antecesores… Bajo este convencimiento La Tierra es así respetada, cuidada, protegida, alimentada y amada por el hecho de estar haciendo uso de una maravilla que no les pertenece.
El Confucionismo proporciona sus creencias en las relaciones con el mundo humano, su entorno y su familia. El Confucionismo da importancia a las 5 relaciones morales entre maestro y siervo, padre e hijo, marido y esposa, hermanos mayor y menor, y amigo y amigo. Son estas relaciones con los demás lo que persigue el samurai. Sin embargo el samurai no esta de acuerdo con muchos de los escritos de Confucio. El samurai cree que el hombre no debe sentarse y pasarse todo el día leyendo libros, ni debería estar escribiendo poesías todo el día: un intelectual especialista era considerado como una máquina. En vez de eso el Bushido cree que el hombre y el universo fueron hechos para ser semejantes tanto en espíritu como en actitud. Un samurai es pues un hombre de acción reflexivo.
Junto con esas virtudes, el Bushido también sigue con sumo respeto la justicia, benevolencia, amor, sinceridad, honestidad, y auto-control. La justicia es uno de los principales factores en el código del samurai: caminos torcidos y acciones injustas son consideradas denigrantes e inhumanas. El amor y benevolencia eran virtudes supremas y actos dignos de un príncipe, no había mayor gloria para un samurai que la de poder ayudar a los demás. La sinceridad y la honestidad eran tan valoradas como sus vidas. Bushi no ichi-gon o “La palabra de un samurai” trasciende a un mero pacto de confianza y completa fe. Cuando un samurai daba su palabra era su propia vida lo que ponía como garantía, razón por la cual ningún pacto, tarea o misión de un samurai fue jamás recogida por escrito. El samurai también necesitaba un completo auto-control y estoicismo para ser totalmente honroso. No debían mostrar en público signos de dolor o alegría. Soporta todo interiormente, ya que tiene prohibido gemir ni llorar. Siempre mostraba un comportamiento calmado y una compostura mental que hacían que ninguna pasión de ningún tipo debería interponerse. Esta educación tan dura era necesaria para llegar a ser un verdadero y completo guerrero, y los samuráis lo aceptaban.
En Japón la clase guerrera era conocida como samuráis, también llamada bushi. Formaron una clase durante los siglos IX y XII. Emergieron de las provincias de Japón para transformarse en la clase gobernante, hasta su declive y total abolición en 1876, durante la era Meiji. Los samuráis eran luchadores expertos en las artes marciales. Tenían notable habilidad con el arco y la espada y también eran grandes jinetes. Pero lo que de verdad fascinaba al pueblo llano japonés era su modo de vida, la lealtad total del samurai a su Emperador y a su Daimyo. Los japoneses sabían que los samuráis eran honestos y de total confianza, vivían vidas frugales sin intereses en la riqueza y cosas materiales, pero con gran interés en el orgullo y honor. Eran hombres de valor verdadero, los samuráis no temían a la muerte y por eso entablaban batalla sin importar cuales fueran las dificultades. Morir en la guerra reportaría honor a su familia y a su señor.
Los samuráis preferían luchar solos y cuerpo a cuerpo, sólo utilizaban el arco cuando la batalla era masiva y nunca lo hacían de buen grado, pues consideraban las armas a distancia innobles de un guerrero. Esta especial filosofía de combate hacía que la gente viera a los samuráis como la antítesis de los ninjas3. En batalla un Samurai “invocaría”
3 El ninja o shinobi era otra clase de guerrero japonés. La clase shinobi era la encargada del espionaje y de cometer asesinatos sin ser vistos. Esta metodología de lucha era muy mal vista y por eso los guerreros
el nombre de su familia, rango y hazañas. Entonces buscaría un oponente de similar rango y batallarían. Un circunstancia propia de los samuráis que a los occidentales nos suele horrorizar es el hecho de que, cuando un samurai acaba con su oponente en buena lid, le decapita para así tras la batalla retornar con las cabezas de los oponentes vencidos que acreditar así su victoria. Las cabezas de los generales y aquellos con alto rango que el samurai había vencido eran transportadas de vuelta a la capital y mostradas en las celebraciones y similares para gloria del guerrero vencedor.
Pero sin duda, lo que más nos impresiona a los occidentales de esta clase guerrera era la disposición que tenían para morir, hasta el punto de que la única salida para un samurai derrotado en combate y aún con vida, era el suicidio ritual: el seppuku.
Seppuku4, que significa “desentrañamiento”, es un ritual sagrado por el cual una persona entrega su vida a cambio de recuperar el honor perdido en vida. Este ritual consta de dos fases, la primera es el corte en sí, un corte profundo en el vientre, de izquierda a derecha y con un ligero descenso de la trayectoria, provocado con una de las armas de la persona que desea restaurar su honor y efectuado siempre por sí misma. La muerte se produce por la pérdida de sangre. El objetivo es que la persona que efectúa el seppuku no sólo muera, sino que sus entrañas queden expuestas, de ahí el nombre. La segunda fase es la decapitación del cuerpo ya inerte, y debe hacerlo una persona querida de la persona que decide hacerse el seppuku. En el caso de los samuráis, el que efectuaba la decapitación era otro samurai amigo suyo. Esta forma de suicido también se realizaba cuando un samurai iba a ser capturado e interrogado por el enemigo, aún cuando no hubiera sido derrotado en combate. Los samuráis también recurrían al seppuku para dar ejemplo a sus semejantes (en particular a sus superiores), pues si un samurai recibía una orden de su Daimyo con la que no estaba de acuerdo, el samurai no podía negarse a cumplirla, excepto claro si recurría al seppuku para advertir con su muerte al Daimyo de lo erróneo de su conducta: debe ser duro para un general de campo ver como tus hombres prefieren morir a cumplir tus órdenes. No es de extrañar, y es que un samurai preferiría matarse a si mismo antes que traer deshonor y desgracia al nombre de su familia y a su Señor. Esto era considerado un acto de verdadero honor.
Y así, con este código de conducta tan duro y a la vez tan coherente, los samuráis alcanzaron su máximo esplendor durante los años 1400 y 1500 d. c. En torno al 1600 los distintos feudos del Japón se unieron por fin, y con ello la paz llegó al país del Sol Naciente, las batallas habían cesado por fin. Entonces, avanzado el final de la era Tokugawa, entre el 1700 y 1800 d. c, Japón comenzó a abrirse al resto del mundo y se encaminó hacia una vida mas modernizada, mas “occidental”, un mundo donde los samuráis (convertidos ahora en poco más que justicieros nómadas) ya no tenían cabida. Los samuráis y su modo de vida fueron oficialmente abolidos en los primeros años de 1870. No había lugar para los hombres de honor, para los guerreros, para los samuráis…
…y con todo no han sido olvidados, es algo que da que pensar.
ninja gozaban de muy mala fama. Sin embargo se sabe que, al igual que los bushi, los shinobi poseían su propio código de honor, el ninpo, y que llegar a ser shinobi exigía tanto sacrificio y dedicación como la necesaria para llegar a ser un samurai.
4 También conocido como Hara-Kiri.
El Código de Bushido
Los siete principios.
Estos son los siete principios que rigen el código de Bushido, la guía moral de la mayoría de samuráis de Rokugan. Sed fieles a él y vuestro honor crecerá. Rompedlo, y vuestro nombre será denostado por las generaciones venideras5.
1. GI (Honradez/Justicia)
Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.
Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia.
Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.
2. YU (Valor heroico)
Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir.
Un samurai debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado, es peligroso, pero sin duda también es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.
Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.
3. JIN (Compasión)
Mediante un entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres, ya que desarrolla un poder tan grande que debe ser usado solo para el bien de todos.
El samurai debe tener compasión. El samurai debe ayudar a sus hermanos en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.
5 “Rompedlo, y vuestro nombre será denostado por las generaciones venideras”. Esta frase da a entender que, para que el honor de un samurai ni el de su familia sea manchado, en caso de romper el código el samurai deberá cumplir con su deber y realizar el seppuku.
4. REI (Cortesía)
Ser un guerrero no justifica la crueldad. Los samuráis no tienen motivos para ser crueles, no necesitan demostrar su fuerza a nadie salvo a sí mismos. Un samurai debe ser cortés siempre, especialmente hacia sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto hacia sus oponentes, el samurai no es mejor que los animales.
Un samurai es temido por su fiereza en la batalla, pero es respetado por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.
5. MEYO (Honor)
El auténtico samurai solo tiene un juez de su propio honor, él mismo. Las decisiones que toma y cómo las lleva a cabo son un reflejo de quién es en realidad.
Nadie puede ocultarse de sí mismo, y los samuráis no son una excepción.
6. MAKOTO (Sinceridad absoluta)
Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en este mundo lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará.
No ha de dar su palabra. No ha de prometer. El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer.
“Hablar” y “hacer” son, para un samurai, la misma acción.
7. CHUGO (Deber y Lealtad)
Para el samurai, haber hecho o dicho “algo”, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan.
Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.
Las palabras de un samurai son como sus huellas: puedes seguirlas donde quiera que él vaya, por ello el samurai debe tener cuidado con el camino que sigue.
El Credo del Samurai
No tengo parientes, yo hago que la Tierra y el Cielo lo sean.
No tengo hogar, yo hago que mi cuerpo lo sea.
No tengo poder divino, yo hago de la honestidad mi poder.
No tengo medios, yo hago mis medios de la docilidad.
No tengo poder mágico, yo hago de mi personalidad mi magia.
No tengo cuerpo, yo hago del estoicismo mi cuerpo.
No tengo ojos, yo hago del relámpago mis ojos.
No tengo oídos, yo hago de mi sensibilidad mis oídos.
No tengo extremidades, yo hago de la rapidez mis extremidades.
No tengo leyes, yo hago de mi auto-defensa mis leyes.
No tengo estrategia, yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia.
No tengo ideas, yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas.
No tengo milagros, yo hago de las leyes correctas mis milagros.
No tengo principios, yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.
No tengo tácticas, yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas.
No tengo talento, yo hago que mi astucia sea mi talento.
No tengo amigos, yo hago de mi mente mi amiga.
No tengo enemigos, yo hago del descuido mi enemigo.
No tengo armadura, yo hago de la benevolencia mi armadura.
No tengo castillo, yo hago de mi mente inamovible mi castillo.
No tengo espada, yo hago de mi alma mi espada.

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